La COVID-19 nos ha posicionado ante una realidad distinta a la que vivíamos hasta el 13 de marzo de 2020. Nuestro entorno habitual, lugar de trabajo, ocio, amistades, familia, … todo cambió en mayor o menor medida a una “nueva normalidad”. La experiencia fue más complicada para las personas con discapacidad por la falta de apoyo que tienen cada día y que, debido al confinamiento y sus efectos, los recursos disminuyeron. No solo hacemos referencia a las ayudas públicas, sino también a lo social. En general, debido a las dificultades añadidas, las personas con discapacidad cuentan con alta tasa de aislamiento social y escasa red de apoyo, lo que sumado a los efectos de la COVID da lugar a gran malestar en la vida de la persona y su desarrollo.

Sin embargo, es importante darse cuenta que una pieza clave para adaptarnos a todo esto es cuestionarnos ¿qué ha cambiado? Es probable que lo más visual, lo físico, económico o social lo percibamos con más claridad y entendamos los efectos que ha supuesto la COVID, pero ¿y lo psíquico? Durante tres meses estuvimos en confinamiento, gran parte de nuestra vida quedó en standby y ahora todo es distinto, pero ¿realmente crees que nos paramos a digerir lo que vivimos y seguimos viviendo?

Alegría, tristeza, miedo, ira, asco, … cinco emociones básicas que tenemos desde que somos bebés. Todas tienen un sentido en la vida y, aunque con intensidades distintas, cada día las vivimos. Dependiendo del tipo de discapacidad, es más o menos fácil entender las emociones y qué efectos tienen. No obstante, normalmente las mostramos al exterior con actos y palabras, sobretodo sí nos hacen sentir de forma agradable, pero no nos detenemos demasiado en entender y exprimir el porqué de esas sensaciones. Por otra parte, las emociones que no nos hacen sentir bien deseamos que pasen desapercibidas y tendemos a esconderlas para que nadie las vea. Todo esto crea obstáculos en nuestro camino que no nos deja avanzar y mejorar la capacidad de adaptación.

Ante ésta situación, es probable que hayas buscado ayuda o tal vez te has recluido aún más; quizá te encuentres en un mar de dudas y has necesitado aumento de medicación o quizá has encontrado un hobby nuevo con el que desconectar. En ambos puntos, es importante pararse de verdad, y preguntarse: qué y por qué.

Elisabeth Pérez –Psicóloga del área social de Amimet-