Como su propio nombre indica, “estimulación cognitiva” significa “estimular” la “cognición”, es decir, se trata de aplicar estrategias que mejoren las capacidades cognitivas (como atención, percepción, memoria, …) o reduzcan el deterioro de éstas. Pero ¿por qué es tan importante?

El envejecimiento es un proceso común a todas las personas y con ello él deterioro cognitivo de mayor o menor intensidad. Con el paso de los años, al igual que nuestro cuerpo va cogiendo peso y deformándose por no hacer ejercicio, nuestro cerebro se va acostumbrándose a las rutinas y volviéndose menos activo. Esto puede hacer, entre otras cosas, que comencemos a tener despistes, nos desmotiven los retos cognitivos (estudios, trabajos, …) o que nos cueste hacer actividades que antes no nos costaban. Además, esta situación influye directamente en nuestro ánimo, relaciones o trabajo; en definitiva, en nuestra calidad de vida. En las personas con discapacidad, este proceso de deterioro puede darse con cierta anticipación o en mayor intensidad, lo que añade dificultades en su desarrollo.

En éste punto donde debemos tener en cuenta las posibles soluciones que ayuden a dilatar el proceso de deterioro. Una vez detectadas las necesidades cognitivas es conveniente entrenar nuestro cerebro a través de estimulación cognitiva orientada por una persona especialista. Con el compromiso y dedicación, se pueden lograr aportes positivos como: dilatar el proceso de deterioro, mejorar la autoestima relacionada con la realización de actividades diarias o reducir el estrés por el proceso de envejecimiento

Por otro lado, es importante destacar que no solo hay que actuar en caso de encontrar dificultades cognitivas, dicho de otra manera, la estimulación cognitiva también se puede enfocar a la mejora y no solo al deterioro. La práctica de estas estrategias aporta beneficios en diferentes situaciones y personas, sin embargo, es importante que esté guiada por un/a profesional.

Elisabeth Pérez -Psicóloga del área social de Amimet-