“Venía con ilusión y me voy con aprendizaje, alegría y motivación”. Así se despedía una de las
voluntarias de Amimet cuando terminaron los Campamentos de Semana Santa 2021 del programa
de Respiro Familiar. Cuando una persona decide hacer voluntariado en discapacidad,
normalmente, tiene claro por qué desea hacerlo; puede haber un motivo solidario, de mejora
personal, profesional, …Cualquiera puede ser el interés que le mueva a apoyar una causa como
la de Amimet, sin embargo, lo que sí es fijo es el resultado que puede lograr: aprendizaje.

Las experiencias que vivimos nos enseñan, entre otras cosas, a conocernos más y a resolver
situaciones de diferente manera. Pero todo eso se nota más cuando decides hacer voluntariado,
porque te das cuenta de que has aportado algo que otra persona necesitaba. Las necesidades
pueden ser muy diversas, desde apoyo para levantarse hasta compañía una tarde de sábado. Y sea
fácil o difícil, esa persona preguntará por el/ la voluntario/ a el próximo día, porque se forman
vínculos y así lo sienten. El tiempo y cariño que dedica el voluntariado se c onvierte en más cariño
y agradecimiento por parte de la persona con discapacidad.

En el pensamiento de una persona voluntaria puede haber miedo o dudas sobre la propia valía
para ayudar a personas con discapacidad y es aquí donde hay que dar un paso adela nte y probar,
porque la experiencia dará la respuesta. También se puede buscar información para conocer que,
asociaciones como Amimet se aseguran de ofrecer formación para mejorar la atención de las
personas voluntarias.

Desde la asociación siempre nos llega una idea, y es que, tanto al voluntariado como a las personas
con discapacidad, ésta experiencia aporta a todos los niveles. No obstante, nada puede convencer
mejor que la propia experiencia.